Siempre he sido una persona espiritual, pero a medida que han ido pasando los años la espiritualidad se ha vuelto un modo de vida. Digamos que prácticamente nada de lo que hago carece de enfoque espiritual y he de confesar que esa conexión con la fuente me llena de plenitud. La alimento a diario.
Vivimos en un mundo hostil, pero también muy bello. Cuando uno se va acercando a Dios, la belleza cobra aún más magnitud y finura. Es bonito ver la vida desde el filtro de un Dios amoroso desando verte brillar.
De pronto dejas de sentirte solo, porque sientes que hay una fuerza mayor que te acompaña siempre.
Para mi Dios, no es esa figura de hombre mayor con barba blanca, no lo personifico o por lo menos trato de no hacerlo, para no encorsetarlo. Dios es desde mi prisma, una energía de amor que lo baña todo.
Dios creador, Dios padre, Dios amigo…Dios de todos.
Digamos que me da cobijo la idea de que hay un ser mayor que nosotros mismos que nos ama profundamente. Una energía de belleza y paz, que es el motor que mueve el mundo.
Entiendo que para muchos esto les suene lejano, inverosímil, incluso infantil, pero no lo es.
Somos nosotros los humanos lo que lo embarramos todo. Es nuestra condición la que es incrédula, egocéntrica y vehemente. Y entiendo que la vida se puede llegar a poner tan dura y difícil e injusta en ocasiones, que creer y menos confiar en Dios, pueda resultar prácticamente imposible e incluso «cabreante».
Pero el Dios al que yo venero, no está lejos, en las alturas, sino dentro de nosotros mismos. Digamos que somos uno con Dios, uno, en comunión y puedo llegar a asegurar que cuando estamos en la luz, somos nosotros mismos el Dios que nos habita.
Un Dios que no entiende de religiones, de credos, de formas….un Dios amplio, amigo de todo lo bueno que tiene la vida. Un Dios que inspira y que ayuda a respirar.
Dialogo con él a menudo, he ido mejorando en ello. Todo es práctica y confianza.
Para quienes quieran acercarse, recomiendo el recogimiento y el silencio. Los templos, los lugares de paz…sentarse, respirar, caminar y esperar. Abrir el corazón que tan cerrado tenemos a veces.
Y sobre todo ir alimentando la fé.
No es fácil para un agnóstico, no es fácil rodeados de tanto ruido e inmediatez, pero él está ahí deseando entrar en tu corazón y dotar a tus días de gozo. Siempre que abras la mirada, los «chakras» y los brazos para recibirle…el entrará. Y lo irá transformando todo poco a poco.
Aprecio muchas de las corrientes espirituales existentes, creo que hay muchos caminos para llegar a la fuente. Solo es empezar, e ir haciendo camino, nutriéndote de personas que van un poquito más avanzadas, acercándote poco a poco a la «interioridad», a la intimidad. Porque no hay nada ahí fuera. El verdadero paraíso está dentro de nosotros.
Desde luego desde mi humilde experiencia solo puedo dar gracias por sentir que le conozco.
Si, conozco a este Ser que a mí personalmente me «enfoca», me libera y me abraza.
El Dios que me habita y me ayuda a caminar. Dios de todos. Os animo a conocerle….
Namasté, Cris
Deja un comentario